Danza Afuera

    La Plata, La Plata
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BAILANDO EN LA VEREDA

Un festival que ocupa las calles e invita a mirar la ciudad desde la danza

Constanza Copello, Jorgelina Mongan, Julieta Scanferla y Mariana Sáez son bailarinas, coreógrafas, gestoras e investigadoras y nos cuentan cómo se organiza DANZAFUERA, Festival internacional de danza contemporánea, performance y acciones transdisciplinarias de la ciudad de La Plata.

Somos DANZAFUERA nace de la percepción de que a la ciudad de La Plata le faltaban más espacios para la danza. Es decir que faltaban espacios para mostrar la producción, espacios en los que artistas y espectadores se encontraran, espacios de trabajo para bailarines y coreógrafes. Y nos faltaban tanto desde lo físico (por la falta de espacios amplios y con piso adecuado para bailar) como desde lo simbólico (por la falta de una agenda pública para la danza y de mayor articulación entre el circuito independiente).

Queríamos que la  comunidad de la danza tenga espacios adecuados en los que  desarrollar su trabajo y en los que pueda ser retribuida por ello. Queríamos generar acercamientos entre la danza local y la de otros  lugares. Encontrarnos, comunicarnos, compartir, construir vínculos y  redes entre artistas. Queríamos tomar las calles, las plazas, los  parques, habilitar otros lugares donde producir movimiento,  encontrarnos en otros espacios de creación: que la danza se  expanda por todas partes. Queríamos generar nuevos encuentros  entre artistas y espectadores, que nos ayuden, también, a romper  esa línea divisoria. Que la gente que no accede a ver danza se  encuentre con ella un día, tomando mate en una plaza, saliendo del  trabajo, o caminando rumbo a su casa. 

Así, de estas ganas, surgió la primera edición del festival  DANZAFUERA en el año 2013. Un festival producido de forma  independiente y autogestiva por un grupo de artistas de la ciudad,  que decidimos trabajar para construir, de manera colectiva, nuevos  contextos en los cuales sea posible desarrollar y compartir nuestro  hacer.

Desde su nacimiento el festival se sostuvo en dos pilares, que tienen que ver con un posicionamiento en términos de derechos culturales. Por un lado, todas las actividades del festival son completamente gratuitas, posicionándonos desde una mirada vinculada al acceso libre y democrático a los bienes culturales. Por otro, todxs lxs artistas que trabajan en el festival cobran por su trabajo, y acá nos paramos entendiendo al arte y la cultura como trabajos. Y si bien muchas veces la convivencia de estos dos ideales parecen contraponerse, trabajamos fuertemente en pos de esa utopía. 

A esos dos pilares iniciales, con el transcurso del festival fuimos sumando otros: el foco en los procesos de investigación artística, la producción de pensamiento y la elaboración conceptual  en torno a la danza, el desarrollo de procesos artísticos en territorios específicos y el encuentro con otrxs, la co-gestión y el trabajo colaborativo  y en red. 

Volver a caminar la ciudad

Las primeras ediciones del Festival se desarrollaron durantes fines  de semana por la tarde, generando recorridos escénicos por parques y plazas de la ciudad, con propuestas artísticas adecuadas  a espacios naturales. Con el pasar de las ediciones comenzamos a  interesarnos por ocupar la calle y sumar como escenario del festival otros lugares en los que la gente se encuentre desarrollando  actividades cotidianas, rutinarias o laborales, en el transcurso de las cuales pudiera ser interceptada por la danza. Sin dejar de lado los  parques y plazas, sumamos entonces al festival espacios céntricos  de la ciudad. 

Al mismo tiempo, a través de la convocatoria abierta recibíamos  gran cantidad de propuestas de obras creadas y pensadas para  espacios cerrados que querían participar del festival adaptando su  obra a espacios públicos. Esta demanda de la comunidad, fue de la  mano con una complejización de nuestro pensamiento sobre lo  público y los públicos, que nos llevó a incluir espacios cerrados en la  programación del festival. Nos propusimos entonces generar un  circuito que articulara distintos escenarios y espacios posibles para  la danza, atravesando espacios abiertos y cerrados, públicos y  privados, estatales y autogestivos.

Hoy pensamos el afuera de la danza más allá de la locación, como  una forma de corrernos de los lugares comunes y de las zonas de  confort, de asumir riesgos y de expandir los límites de la danza (ya  sean límites conceptuales, disciplinares, estéticos…) 

Estos dos procesos, la ampliación de las locaciones en las que  transcurre la programación del festival y el énfasis en los procesos  de creación in situ, conllevaron a una extensión temporal del  festival. De un fin de semana, como fue la primera edición, a un  festival de dos semanas de duración como el que proyectamos para  2020 (y que nos quedó trunco por el ASPO), la experiencia del festival pasó a ser también una experiencia  duracional y procesual, que se transita y se comparte a lo largo del  tiempo. 

Este proceso también nos permitió identificar mejor para quiénes estábamos pensando y haciendo el festival. Contemplamos dos tipos principales de público: el público en general, no necesariamente habituado a  ver danza, y el público especializado, integrante de la comunidad  de la danza. 

Construir una ciudad desde el paso

Pensar en un festival en el espacio público, nos llevó a pensar en las características urbanísticas de la ciudad de La Plata. El lugar de las plazas y parques, ubicados uno cada seis cuadras, en los cruces entre las avenidas, fue lo que primero saltó a la vista. Y ahí empezó DANZAFUERA, con esos espacios como escenario. Con el correr de las ediciones nuestra mirada sobre la ciudad fue cambiando, ¿qué características tiene cada plaza? ¿qué usos? ¿quiénes la habitan, de dónde vienen? ¿qué hay entre las plazas y parques? ¿qué pasa más allá de los límites del cuadrado perfecto diseñado en el plano fundacional de la ciudad? ¿qué formas de habitar propone la ciudad? ¿que zonas delimita? ¿qué dinámicas, qué recorridos? Pasamos de pensar a la arquitectura y al urbanismo como aquello que estaba en los planos, a pensarla desde la experiencia de los cuerpos y a profundizar cada vez más en esa investigación.

Y esto también fue modificando la programación del festival: dejamos de pensar el espacio urbano como escenario para una obra preexistente, y empezamos cada vez más a verlo como un espacio de investigación para el desarrollo de procesos artísticos situados que tuvieran como centro la pregunta por los modos de habitar, hacer experiencia y hacer cuerpo en la ciudad.

Al mismo tiempo, dejamos de pensar en espacios definidos, y a pensar más en términos de recorridos y formas de circulación por la ciudad. Por eso, las últimas ediciones del festival tienen sedes múltiples, que nos proponen habitar espacios disímiles, y muchas de las actividades son en sí mismas propuestas de recorrido. Y esto también nos fue llevando a vincularnos con distintos públicos y con distintxs artistas y colectivos artístico-culturales.
Podemos decir que a lo largo de estos años fuimos modificando las estrategias de  gestión y curaduría, pero sosteniendo nuestro interés de hacer un  festival gratuito, que sea un espacio de encuentro e intercambio entre artistas, a la vez que un espacio de encuentro con nuevos  públicos para la danza. En este camino, nos dimos cuenta  de que pensar un festival, organizarlo, y llevarlo a cabo es, también, otra forma de hacer danza. Una forma nueva, diferente, pero igualmente enriquecedora. Entendimos que la gestión  de un festival es también una obra, nuestra obra.

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